Por Ricardo Reyes.
Tepic, Nayarit – Miguel Ángel Navarro Quintero no pierde el tiempo: en un golpe de autoridad tan repentino como sospechoso, ordenó y ejecutó el retiro inmediato de la emblemática escultura “La Hermana Agua”, esa figura que durante años representó el vital líquido para los nayaritas. ¿La razón oficial? Que la mujer desnuda “sexualiza” y que supuestamente un grupo de feministas se lo pidió. La misma excusa que suena hueca cuando se sabe que es la ÚNICA petición feminista que este gobernador ha atendido en años.

Porque, curiosamente, mientras miles de mujeres nayaritas claman justicia por feminicidios, violencia y desapariciones, Navarro ha hecho oídos sordos. Pero de pronto, ¡zas!, aparece una “petición imaginaria” de feministas para tapar una estatua… y él la atiende en tiempo récord. ¿Coincidencia? Difícil de creer.
El discurso oficial promete reemplazarla por una estatua de una “familia wixárika”. Bonito discurso multicultural, ¿verdad? Pero detrás huele a lo de siempre: borrar todo rastro de administraciones anteriores. Navarro parece empeñado en una cruzada personal contra el pasado, como si quitar esculturas fuera su plan estrella de gobierno. ¿Nueva historia o simple venganza política disfrazada de corrección moral?.
Y aquí viene la parte que duele: si tanto le molesta la “sexualización” de la mujer, ¿por qué no aplica la misma vara a su propio círculo? El gobernador mantiene a dos de sus parejas sentimentales en plena carrera por puestos públicos, sin el menor rubor. ¿Dónde quedó esa sensibilidad feminista cuando se trata de sus intereses personales?.
Peor aún: si la figura desnuda ofende tanto, ¿por qué no exige retirar también la Victoria Alada, el Ángel de la Independencia que muestra el pecho descubierto y que aparece hasta en los billetes mexicanos? ¿O esa estatua no cuenta porque es “patria” y no “pasado político incómodo”?.
La incongruencia es tan evidente que resulta insultante. Navarro no está protegiendo a las mujeres; está usando el feminismo como coartada barata para hacer borrón y cuenta nueva con todo lo que no le pertenece. Mientras tanto, “La Hermana Agua” yace desmontada en algún depósito, como símbolo de lo que realmente le importa a este gobierno: el poder absoluto y la memoria selectiva.
¿Nueva historia para Nayarit? No. Solo la misma vieja incongruencia con disfraz de progresismo. Los nayaritas ya lo vimos venir.
